Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y la Unión Europea han vuelto a escalar con la decisión de la administración de Donald Trump de imponer nuevos aranceles a productos textiles y calzado importados del bloque europeo. Adidas y Puma, dos de las marcas más afectadas, registraron caídas del 10,49 % y 11,16 %, respectivamente, en la bolsa tras el anuncio de las medidas, según datos recogidos por Bloomberg.
Con una producción fuertemente concentrada en Asia, especialmente en Vietnam, Indonesia y China, estas compañías ahora enfrentan aranceles de hasta el 49 % en algunas de sus fábricas clave, lo que encarecerá su acceso al mercado estadounidense, su principal fuente de ingresos fuera de Europa.
Pero el impacto de esta guerra arancelaria entre EE. UU. y la UE no afecta solo a las grandes marcas, las pequeñas y medianas empresas del sector también ya empiezan a ver los efectos, ya que dependen de la estabilidad de los acuerdos comerciales para mantener sus márgenes de beneficio.
De acuerdo con el informe anual de Nike, Vietnam concentró el 50 % de su producción de calzado en 2024, mientras que Adidas fabricó allí el 27 % de sus productos, datos que reflejan la alta exposición de la industria a las regiones más castigadas por los aranceles.
Los expertos ya han advertido que en caso de prolongarse estas restricciones, las compañías europeas podrían verse obligadas a trasladar su fabricación fuera de Asia o subir precios para compensar el impacto financiero, lo que supondría un incremento de precios para los consumidores.
Un nuevo frente en la guerra comercial de Trump: el impacto de los aranceles en la industria deportiva
En la guerra arancelaria que ha iniciado EE.UU. con Europa son muchos los sectores que empiezan a vivir la incertidumbre de lo que pueda venir, esta vez el sector calzado y la moda deportiva se encuentra en el punto de mira, debido a este nuevo capítulo que el gobierno de Trump inicia con la EU.
La imposición de aranceles a productos fabricados en Asia, que es el caso del calzado y ropa deportiva de reconocidas marcas, algunas de ellas marcas europeas, tienen sus principales centros de producción en paises del continente asiático, lo que supone un duro golpe para gigantes como Adidas y Puma, por ejemplo.
Según datos de los expertos en el área, el impacto en la industria ya se refleja en los mercados financieros, con caídas en Bolsa que han superado el 10% en algunas firmas, y un panorama de creciente incertidumbre en el comercio internacional, sin mencionar el impacto a nivel de precios que puede representar para los consumidores.
Este movimiento absolutamente proteccionista responde a la estrategia de Trump de fortalecer la producción interna de EE. UU., aunque a costa de encarecer los productos importados y afectar a consumidores y empresas, una medida que pocos entienden, ya que, por un lado, proteges al sector industrial, pero por el otro, afectas directamente a los consumidores, por el incremento de precios.
En este contexto, las marcas deportivas europeas deben replantear su estrategia para seguir siendo competitivas en un mercado clave como el estadounidense. Con la inflación al alza y márgenes cada vez más estrechos, la industria enfrenta uno de sus mayores desafíos de los últimos años.
Adidas y Puma en la mira: caída en bolsa y desafíos para la producción
El mercado bursátil ya empieza a sentir el impacto de esta guerra arancelaria, específicamente las grandes marcas del deporte. Adidas ha perdido casi un 12% de su valor de mercado, mientras que Puma ha retrocedido más de un 10%, situándose entre las marcas más castigadas en Europa.
Según estimaciones de RBC Capital Markets, las marcas con mayor dependencia del mercado estadounidense, como Nike y Puma, podrían sufrir una contracción significativa en sus márgenes debido al encarecimiento de las importaciones desde Asia, donde tienen la producción concentrada y uno de los continentes más afectados por esta guerra arancelaria que viene impulsando Trump.
No solo las bolsas sienten el golpe. Las grandes marcas deportivas encaran un problema de fondo que no es fácil de esquivar: buena parte de su producción sigue atada a fábricas en China, Vietnam y otros rincones de Asia, donde los costos siempre han jugado a su favor. Pero con los aranceles recién estrenados, firmas como Adidas y Puma tienen un dilema sobre la mesa: o mueven algunas de sus operaciones a otros países, o buscan socios estratégicos para capear el temporal.
Sea como sea, la factura sube, las ganancias menguan y eso es algo que ningún empresario lleva bien. Lo que está claro es que, sin una salida rápida a la vista, estos gigantes del deporte podrían acabar subiendo precios para no cargar solas con el peso. Y ahí está el riesgo: encarecer sus productos las pondría en desventaja frente a competidores de Estados Unidos, que no enfrentar el mismo aprieto y podrían sacar tajada en esta carrera por el mercado.
El futuro del comercio deportivo: incertidumbre y posibles represalias de la UE
El giro más duro en la política de aranceles que ha dado Estados Unidos no solo pone en aprietos a las empresas europeas, sino que podría encender una mecha en la Unión Europea. La Comisión Europea, en Bruselas, ya se trabaja para responder con medidas parecidas contra productos que lleguen desde el otro lado del Atlántico.
Si esto se concreta, estaríamos ante un capítulo más de la guerra comercial, con un efecto en cadena que salpicaría a otras industrias. Marcas como Nike, Under Armour o New Balance podrían toparse con el mismo dolor de cabeza en Europa, y tanto ellas como sus rivales tendrían que sentarse a repensar cómo juegan sus cartas.
Pero más allá de este posible intercambio de golpes, el mundo del deporte tiene que aprender a moverse en un terreno donde el proteccionismo gana terreno. Las grandes firmas están buscando cómo no depender tanto de un solo lugar para fabricar, intentando esquivar aranceles y barreras que no paran de crecer.
Adidas, por ejemplo, ha puesto el ojo en la automatización, con fábricas en Alemania y Estados Unidos que podrían ser parte de la solución. Puma, mientras tanto, anda explorando cómo sacar provecho de países con tratos comerciales más amigables. El problema es que estos cambios no se hacen de la noche a la mañana, y por ahora, el sector se queda mirando un horizonte lleno de dudas, al menos a corto y mediano plazo.