Un grupo de 19 jóvenes venezolanos, incluyendo dos menores de edad, se acercó este lunes a una comisaría de la Policía Nacional en Barcelona para pedir asilo, tras quedar abandonados en España sin dinero ni ayuda.
Estos deportistas habían llegado con la idea de participar en partidos de béisbol en distintas ciudades de Europa, pero contaron a las autoridades que su entrenador, Julio Guevara, se marchó de vuelta a Venezuela antes de que la gira terminara, dejándolos en una posición muy frágil. Sin un sitio donde quedarse ni forma de volver a su país, decidió acudir a la policía en busca de amparo y evitar un regreso lleno de dudas.
La Policía Nacional, viendo lo delicado del asunto, agilizó los trámites para el asilo y los citó a una entrevista formal este jueves, algo que no suele verse en un sistema de acogida que anda saturado. En esas reuniones, cada uno tendrá que explicar por qué pide protección y detallar qué los llevó a dar este paso.
Por ahora, los dos menores están bajo el cuidado de la Generalitat, mientras que los mayores han recibido apoyo de Cruz Roja y otras entidades para encontrar un lugar donde pasar estos días. Lo que viven estos jóvenes deja al descubierto los apuros que enfrentan tantos migrantes en Europa y la incertidumbre que pesa sobre lo que les espera en España.
Del sueño deportivo a la incertidumbre: cómo quedaron varados en Barcelona
Los 19 jóvenes venezolanos llegaron a España cargados de sueños, con la esperanza de demostrar su destreza en el béisbol y hacerse un nombre en el deporte europeo, sin ninguna intención de solicitar asilo, pero las circunstancias no le dejaron otra opción. Venían para una gira que prometía partidos en varias ciudades, pero todo se torció de golpe. Sin apoyo claro de quienes organizaron el viaje y con encuentros que se fueron cayendo, el equipo quedó perdido en Barcelona.
Durante los días, los jugadores se las arreglaron como pudieron: algunos pasaron noches en el aeropuerto de Madrid, otros en las calles de la ciudad catalana, sin un céntimo ni un techo donde guarecerse, según las declaraciones de los propios jóvenes ante las autoridades catalanas.
Julio Guevara, el entrenador que armó la gira y los acompañó al principio, se regresó a Venezuela antes de que los muchachos decidieran dar el paso radical de pedir asilo. Su partida los dejó sin rumbo ni respaldo, empujándolos a buscar una salida para no quedarse atrapados en un limbo.
Con el vuelo de regreso ya fijado y sin manera de volver a su país, tomó la decisión de presentarse ante la Policía Nacional y solicitar protección, enfrentándose a un porvenir lleno de dudas en una España donde el sistema para acoger a migrantes ya no da abasto.
La intervención de la Policía Nacional: un proceso de asilo acelerado
Frente a lo delicado de la situación de estos jóvenes, la Policía Nacional reaccionó con agilidad y les dio una cita urgente para atender su solicitud de asilo, un hecho que llama la atención, dada la compleja situación del sistema de asilo en España actualmente.
En circunstancias habituales, estos trámites pueden arrastrarse meses por la avalancha de casos y el colapso del sistema, pero esta vez los agentes optaron por acelerar las cosas. Los muchachos tendrán entrevistas individuales donde deberán respaldar su pedido y contar por qué no pueden volver a Venezuela.
Ahora, las autoridades están poniendo la lupa sobre cómo se dio este viaje y si lo que dicen es cierto. Van a revisar puntos como el calendario verdadero de los partidos, cómo se organizó el equipo y qué pasó para que quedaran tirados en Barcelona.
Aunque el asilo político rara vez se concede a venezolanos, quienes saben del tema dicen que podrían conseguir un permiso para quedarse por motivos humanitarios, algo que les abriría la puerta a permanecer en España y buscar trabajo.
Un futuro incierto: entre la protección humanitaria y la posibilidad de deportación
Mientras no se sabe qué pasará con su solicitud, los 19 jóvenes se enfrentan a dos caminos: que les den una protección humanitaria para quedarse en España o que les digan que no, lo que podría terminar en su regreso forzoso.
Por ahora, el proceso sigue su curso: los menores están bajo el amparo de la Generalitat de Cataluña, y los mayores han sido enviados a servicios sociales y grupos como la Cruz Roja para que les echen una mano por el momento.
Pero la escasez de sitios en los centros de acogida complica aún más las cosas. Algunos han tenido que buscar dónde dormir por sus propios medios, guardando a que las autoridades decidan.
Aunque tienen la ilusión de poder quedarse, el sistema de asilo en España está desbordado, y el gobierno ha puesto reglas más duras para dar este tipo de amparo. Lo que se resuelva al final será clave: si podrán echar raíces en Europa o si les tocará volver a la dura situación que dejaron en su país.